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Religiosidad Popular. Creencias religiosas populares en la sociedad argentina

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Introducción

Lo que generalmente consideramos como religiosidad popular, hace referencia a creencias y prácticas religiosas de mujeres y hombres vinculadas a lo trascendente, lo sobrenatural, o simplemente lo considerado como sagrado. Se trata de la modalidad de religión que manifiestan y viven los sectores populares, en un recurso fundamental a la hora de encontrar sentido, de considerar posible aun lo aparentemente imposible y mantener de alguna manera la esperanza.

Esta religiosidad no está sujeta a las instituciones religiosas reconocidas y consolidadas.

La religiosidad popular ha pasado a sufrir cuestionamientos por el solo hecho de su exclusiva pertenencia popular, convertida en la causa de su descalificación y desvalorización.

 

El fenómeno religioso y sus transformaciones recientes

En las últimas décadas del siglo XX no sólo se produjeron cambios y transformaciones a nivel social, político, económico y cultural, sino a su vez profundas crisis que, si bien atravesaron en su conjunto a toda la sociedad argentina, repercutieron muy especialmente sobre los sectores populares.

Hay dos procesos fundamentales vinculados con dichas transformaciones: el de globalización (con referencia a los cambios socioeconómicos y socioculturales)  y el de secularización (con un marcado pluralismo religioso).

En la globalización se han explicitado, a nivel económico y social, políticas neoliberales generadoras de pobreza y de exclusión que han incrementado notablemente la desigualdad, generando transformaciones en la trama sociocultural en general. Pasando por la desocupación, la ruptura de las identidades laborales y la desestructuración de marcos colectivos, hasta la fractura de las certezas que constituían el marco referencial de la convivencia. Una situación que ha incidido directamente en la vida de los sectores populares, modificando sus condiciones y posibilidades de movilidad, produciendo fuerte incertidumbre e inseguridad social y muy especialmente agudizando la crisis de las principales instituciones sociales con impredecibles consecuencias tanto a nivel de los procesos de construcción de identidades sociales y colectivas como respecto a los nuevos procesos de recomposición de éstas.

La secularización es definida como el proceso de reorganización permanente  del trabajo de la religión en una sociedad estructuralmente impotente para responder a las esperanzas que se requieren para seguir existiendo. Las religiones y lo religioso adquieren nuevas características y generan nuevas experiencias, pero sobre todo se produce una reconfiguración de lo religioso en el marco de la cual es necesario analizar la singularidad de los cambios, tanto a nivel de las instituciones como respecto a la experiencia de los sujetos.

En este contexto aparece un pluralismo religioso en el marco del cual emerge un proceso creciente de individuación y autonomización en el que se manifiestan las opciones y recomposiciones que los propios creyentes de sectores populares llevan a cabo, otorgando sentido a sus necesidades y demandas.

Se da a su vez una situación de pérdida de la capacidad de incidir de las instituciones religiosas, ya no sólo en la vida social, sino en la vida individual de los creyentes, acompañada por la crisis de los mecanismos de control institucional. En el marco del aumento de la autonomía de los sujetos para componer y replantear sus modalidades de creencia, estas situaciones afectan en forma directa a las religiones tradicionales, en cuanto implican un “distanciamiento” del creyente de la institución, al mismo tiempo que inciden, también, en un profundo replanteo de las relaciones de pertenencia institucional en general.

Si bien podemos decir que de alguna manera siempre ha estado presente en la religiosidad popular una cierta autonomía de los individuos para “componer” su cuadro de creencias, en cuanto es precisamente esa forma de “vivir” a su manera lo religioso lo que ha distinguido a la misma,  dicha modalidad aparece hoy consolidada y fuertemente legitimada.

 

La religiosidad popular

Se pueden observar diversos abordajes: desde los que definen la religiosidad popular como una forma de vinculación con lo sagrado, pasando por los que la consideran como un recurso simbólico o una estrategia de supervivencia, hasta los que la conciben como una textura diferencial presente en la vida cotidiana de los sujetos en los sectores populares.

Religiosidad popular se define como la manera en que los sectores populares expresan sus apreciaciones y vivencias acerca de lo sobrenatural y el modo en que se vinculan con lo que consideran “sagrado”.

Estamos ante una religiosidad caracterizada por su reconocimiento de diversas manifestaciones de lo sagrado, por su apertura a lo sobrenatural que se explicita en múltiples expresiones religiosas populares y muy especialmente en las manifestaciones del catolicismo popular.

A través de toda Latinoamérica, mujeres y hombres llevan a cabo una multiplicidad de prácticas que implican algún tipo de vinculación con lo que consideran como trascendente, sobrenatural o simplemente sagrado, en vinculación con necesidades y problemas que los afectan diariamente. Ya sea por la intervención directa de los creyentes, la acción de diversos mediadores o la presencia de agentes especializados, se verifican diversas modalidades de vinculación con lo sagrado presentes en la vida diaria.

Acercarse al conocimiento del fenómeno religioso en los sectores populares implica necesariamente despojarse de argumentaciones etnocéntricas que no son capaces de admitir la existencia de otras lógicas presentes en las culturas populares y que evalúan como superstición e ignorancia lo que no son capaces de comprender y analizar críticamente. De allí la importancia de analizar la religiosidad popular en estrecha vinculación con las culturas populares, y de explorar las tramas de sentido presentes en sus matrices culturales, porque sólo desde allí es posible comprender en toda su profundidad la complejidad del fenómeno. Al respecto, es importante tener en cuenta tanto los aspectos que hacen al reconocimiento y valoración de dicha cultura popular como los que expresan su descalificación y desvalorización. En el primer caso, en cuanto se ponen en juego distintas representaciones simbólicas y prácticas sociales que caracterizan a las culturas populares. Se trata de una diversidad de manifestaciones que explicitan la existencia de una matriz cultural que singulariza la cultura y desde donde se genera un tipo especial de apreciación de lo sagrado.

En segundo lugar, en relación con los aspectos que apuntan a la desvalorización de la cultura popular, es necesario tener en cuenta la existencia de apreciaciones fuertemente descalificatorias y denigrantes de la misma, que no sólo niegan a los sectores populares la capacidad de generar una cultura propia, sino que, en caso de aceptar su existencia, la consideran una construcción residual de la denominada “alta cultura”, o la califican, despectivamente, como una “cultura de pobreza”.  De allí también sus implicancias en la consideración de la religiosidad popular como una religiosidad de segunda, una religión de los pobres.

 

Consideraciones acerca del pluralismo y otras manifestaciones religiosas en la vida cotidiana de los sectores populares

El pluralismo constituye un fenómeno imprescindible a considerar en la búsqueda de la comprensión de las transformaciones actuales de la religión en nuestra sociedad. El pluralismo se presenta como un proceso de reconocimiento de la diversidad religiosa, en cuanto a la existencia de una variedad de instituciones, grupos y movimientos religiosos enmarcados en la ruptura del monopolio católico en los sectores populares. Nos encontramos en nuestro país con momentos históricos en los que se transitó instancias de fuerte intolerancia religiosa a otras de “tolerancia relativa” respecto a religiones no católicas. También, y muy especialmente, con la prohibición y persecución de una diversidad de creencias religiosas, tanto indígenas como mestizas, así como de un conjunto de devociones populares y otros cultos, que fueron generalmente considerados como productos mágico-religiosos y por lo tanto descalificados al considerárselos como superstición e ignorancia.

Esta situación, sin embargo, no impidió el crecimiento de la diversidad religiosa y la consolidación del pluralismo religioso en la sociedad.

Observado desde la singularidad de la religiosidad popular, se trata, más que de discriminar distintas miradas, de considerar a todas ellas en su capacidad de vinculación con lo sagrado.

Por otro lado, nos encontramos con otros aspectos que caracterizan la religión popular en sus diversas manifestaciones en el contexto de la cotidianidad, vinculados tanto con su carácter simbólico como con su carácter vivencial, experiencial y emocional. Es necesario tener en cuenta que los símbolos constituyen el lenguaje originario y fundante de la experiencia religiosa, al que apelan los individuos en su vida individual y social, y que estos símbolos, a su vez, están inmersos en una tradición o en una trama cultural en la que cobran sentido e incluso son resignificados. El fecundo carácter polisémico de los símbolos se hace así presente tanto en la diversidad de prácticas sociales y ritos como en una multiplicidad de objetos a los que se les otorga una fuerte carga significativa: desde objetos comunes de uso ordinario sacralizados hasta imágenes, cruces y medallas, entre otros. Debemos tener en cuenta que si la religión es, como se ha dicho, la experiencia de lo sagrado, esa experiencia se produce siempre en el marco más general de un determinado contexto histórico y cultural. Se trata de un tipo de experiencia claramente relacional, emocional y ritual, en la que se explicita una vivencia religiosa que requiere imprescindiblemente, para su manifestación, palabras, gestos y modalidades de expresión propias de la cultura en la que están insertas.

 

La religiosidad difusa

Una tendencia que se afirma crecientemente en las creencias y manifestaciones religiosas de muchos creyentes, se expresa en el “creer sin pertenecer” o en los “creyentes sin religión”. La gente cree, y desde esa creencia desarrolla una mirada sobre la realidad dispuesta a considerar con amplitud la diversidad de expresiones existentes, consolidando de una y otra forma la relevancia del pluralismo religioso.

La religiosidad difusa, a la vez que muestra la complejización del universo de las creencias religiosas, implica un nuevo desafío de comprensión en el marco de la complejidad del pluralismo religioso actual.

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